









Casa del Castell de Toloriu
Una casa de piedra entre La Cerdanya y Andorra, pensada para quedarse.
Casa del Castell de Toloriu es una casa de piedra situada en un pequeño pueblo del Pirineo, entre La Cerdanya y Andorra.
Pensada para familias y grupos de amigos que desean disfrutar de varios días de montaña y tranquilidad, la casa combina amplitud, naturaleza y comodidad en un entorno privilegiado. Dispone de 210 m², 6 dormitorios, 2,5 baños, capacidad para 12 personas, dos zonas ajardinadas privadas, una pequeña zona de bosque y magníficas vistas abiertas al valle y a las montañas.
Aquí no hay prisas ni ruido. Toloriu es un lugar para caminar, leer, descansar, hacer excursiones, esquiar en invierno o disfrutar del verano en la montaña. También es un lugar para volver a la casa, encender la chimenea, reunirse alrededor de la mesa, ver el atardecer desde el jardín y sentir que, por unos días, el tiempo transcurre más despacio.
La casa se encuentra a pocos kilómetros de Andorra y muy cerca de La Cerdanya, Puigcerdà, las pistas de esquí y numerosas rutas de senderismo y naturaleza. Es perfecta tanto para una escapada tranquila como para descubrir el Pirineo.
Ideal para familias y grupos de 8 a 12 personas que buscan una casa especial, amplia y acogedora, donde quedarse varios días y disfrutar de la montaña con calma.
En Toloriu no hay tiendas ni prisas. Conviene llegar con provisiones… y ganas de quedarse.

Entre La Cerdanya, La Seu d’Urgell y Andorra, la casa es un punto de partida perfecto para descubrir el Pirineo.
En invierno, las estaciones de esquí de La Molina, Masella, Grandvalira y Pal-Arinsal se encuentran a poca distancia. En verano, el entorno invita a caminar por el Cadí, recorrer los bosques y senderos de La Cerdanya o simplemente disfrutar de la montaña.
Muy cerca están también La Seu d’Urgell, con su catedral y su casco antiguo, Puigcerdà, los pueblos de la Cerdanya y Andorra, ideal para compras, balnearios y excursiones.
Pero quizá lo mejor no esté fuera, sino al volver: la mesa compartida, el jardín al atardecer, el silencio de Toloriu y la sensación de haber encontrado un lugar donde quedarse un poco más.